Tendré que presentarme. Soy el tataranieto de JRE. Lo escribo así porque era como él, de vez en cuando, firmaba sus artículos o sus poemas en el periódico que fundó allá por el mes de octubre de mil ochocientos noventa y uno llamado el Accitano pasados los sesenta años de edad y así durante diez y seis años seguidos hasta su fallecimiento en el año mil novecientos siete. Me resulta extremadamente difícil empezar a contar las cosas con cierta lógica cronológica porque se me confunden los tiempos de descubrimientos propios con las escasas informaciones sacadas a la familia. Supongo que todo empezó con el hallazgo del abuelo escritor. Lógicamente supe de dónde me venía la “afición”. Hasta ese momento la genética había sido para mis oídos algo ajeno algo que no me tocaba y como otro de los soniquetes que blandían los expertos para tratar de explicar muchas veces lo inexplicable: tiene los mismos ojos que el abuelo…ese gesto es igualito al de su padre…qué genio tiene el angelito me recuerda a su tío…en fin algo para entretenerse y entretener, como un juego de magia. Me perdonarán los científicos pero la ignorancia es muy atrevida. Pensé ir escribiendo conforme fuera descubriendo su figura, conforme me fueran surgiendo ideas, pero la escasez de información en dónde apoyarme, de tan escasa, resultaba desalentadora. Para obtener documentación en el caso de que la hubiera, estaban todas demasiado lejos de Madrid. Guadix era la fuente de donde beber, de dónde proviene justo la mitad de mi sangre: un mundo desconocido para mí. Tengo que decir con sonrojo que este año de 2009 ha sido la primera vez que junto a mi mujer y a unos amigos visité y descubrí una ciudad a la que pertenezco y a la que no quiero dejar de pertenecer.
Mi primer contacto a la figura del abuelo es fruto de la casualidad. Vale la pena decir que desde que le conozco le llamo el abuelo sin hacer diferencias con su nieto Juan José a la limón padre de mi madre y que por lo tanto oficialmente es mi abuelo materno y al que tampoco conocí, con lo cual no creo que se ponga demasiado celoso. Apareció por casualidad, ojeando un album de fotos antigüas. Muy bajito me digo si no quiso aparecer en ese momento que yo estaba mirando para llegar al estado actual cien años después de muerto y hablando de él. como digo supe de su existencia a través de una foto en un álbum familiar que me regalaron y que conservo. Debo decir que por parte de mi familia materna han sido todos, incluida mi madre, de piel blanca, ojos claros y rubios…y sin embargo el abuelo iba adquiriendo poco a poco mis simpatías por su semejanza a mí: otra vez los genes se meten por medio y revuelven. Esa imagen de la foto que me enseñó la única hermana aún viva de mi madre me caló en lo más profundo. Estoy oyendo decir orgullosa extendiéndome la foto “este es mi bisabuelo, tu tatarabuelo, José Requena Espinar: escritor”. Pensé que además perteneció al siglo XIX con lo que siempre me sedujo ese siglo… En fin cómo describirlo; hombre de aspecto serio, prominente nariz, pelo largo y revoltoso, casi ojos, de mirada no precisamente amonada, dando un aspecto de general de diablos. En sus creencias con un sentido profundamente religioso: En lo primero soy clavadito a él, pero en lo segundo ¿A quién habré salido tan descreído?
Escritor, palabra idolatrada por mí. Cuántas veces me hubiera gustado que fuera mi carta de presentación…. Digamos que fue un flechazo. Pasó tiempo hasta que un compañero de la zona de Guadix, pueblo pegadito a este y que seguro que pertenecerá al mismo partido judicial, hablando con un café en la mano salió el tema de conversación que si soy de tal sitio pues qué curioso que toda mi familia es de la zona pues ahora que lo dices tienes el apellido de mi tatarabuelo pues eso seguro que tenemos algún vínculo familiar…Así se quedó largo tiempo eso sí con el apelativo cariñoso desde ese momento de primos. Hola primo, ¿qué tal primo? Podíamos compartir un antepasado que aunque no fuera este y estuviera un poco más alejado, creemos que se trataría de la abuela del tatarabuelo, siempre queda dentro del círculo. He aquí que un buen día después de muchos que me he tirado en vano tratando de sacar información a través de internet, que una mañana de viernes mi primo me saluda y me da una dirección de un blog y me dice que lo voy a flipar (nosotros a veces somos bastante modernos en cuanto a nuestras expresiones) y lo flipé. Allí mismo estaba, delante de mis propias narices y con la misma foto que yo tenía a través de mi familia, el abuelo. La misma foto, no podía haber sido otra para que por lo menos sembrara la duda no, era la misma que yho guardaba y di gracias a la dueña y estudiosa del periodismo en el siglo diecinueve en la figura del abuelo y a través del periódico semanal que él fundó…decir que el orgullo me brota a través de todos los poros de la piel parece de una lógica aplastante y por ello me lleva a seguir los pasos, dentro de lo que pueda, de la figura del abuelo a través de su obra escrita en el periódico. Quiero dar las gracias a Ana María Rey Merino por haber sido la que ha echado gasolina a este motor para que vuelva a funcionar. Es estupendo, me ha enseñado los primeros pasos para andar solo. Todo lo que comenta en su blog es nutritivo para un cuerpo que permanecía latente pero sin ninguna vida y por ello le reitero las gracias.
Me quedé perplejo al comprobar que la imagen que me brindaba el ordenador era la misma imagen que yo guardaba con tanto celo como si fuera la única foto del abuelo que quedara en los fondos de la memoria.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
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Acabo de leer este texto mientras realizaba una de mis habituales búsquedas sobre Requena Espinar.Me gustaría que contactases conmigo para intercambiar información. Mi correo está en el blog que mencionas.Un saludo. Ana María Rey
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